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RECORRIENDO PERÚ
Perú es delicioso. Perú es cultura, tradición y progreso. Perú es mágico. Perú es diversidad, riqueza y pobreza.
Echo la vista atrás y trato de poner en orden más de un mes de viaje por el país peruano y es complicado. Miles de recuerdos, sabores, texturas, olores y colores se mezclan en mi cabeza. Ahora, tiempo después, puedo decir que Perú fue (creo) mi país favorito en Sudamérica. Perú lo tiene todo, y mucho más. Así que en el siguiente post dejo mi recorrido por el país y algunos datos que puedan llegar a ser de utilidad para alguien con ganas de visitar el país por excelencia de los Incas.
Tengo anotada en mi cuaderno mucha más información que estaré feliz de compartir con cualquiera que me pregunte y quiera saber más sobre cómo viajar por Perú.
Norte de Perú
Entré al Perú el 8 de abril de 2016 y lo hice por el norte. Desde Cuenca (Ecuador) cogí un bus a las 20h que cruzaba la frontera y te dejaba en Máncora, costa peruana del norte, a eso de las 5 de la mañana.
Cruzar la frontera por el norte fue sin problemas y de los puestos fronterizos más limpios y tranquilos que he visto.
Al llegar a Máncora todo estaba oscurísimo y cerrado. A excepción de unos cuantos taxistas de tuktuks ofreciéndote sus servicios. Como viajera sola y precavida me pegué enseguida a una pareja de americanos la mar de majos los que me invitaron a dormir con ellos hasta que amaneciera y pudiera buscar mi hostel (el que no sabía si iba a estar abierto a las horas que llegaba). Esto es una de las cosas aburridas a las que te enfrentas por ser mujer, sola y viajera. Caminar a las 5 de la mañana por calles solitarias y oscuras, aunque no tengas miedos, es altamente desaconsejable.
Máncora era mi primer destino en Perú y más que un pueblo del Pacífico me pareció una isla caribeña. La playa, el ritmo, el calor y la gente tenían más de isleños que de peruanos (y las asociaciones a la palabra peruano que se puedan dar en cualquier cabeza).

La playa es grande aunque no especialmente bonita. Por la tarde sube tanto la marea que la playa desaparece.

Vesper y Laura. Al final, nos hicimos amigos y nos fuimos encontrando por otros lugares de Sudamérica.
En el pueblo, la mayoría de las calles no están asfaltadas y la vibra que prevalece es la surfera-hippy.

Las casas son de colores, y aunque el lugar no es que sea de los más impresionantes del mundo, para mí tuvo un encanto especial. Me di paseos por las calles lejos de la playa en las que no había ni un solo turista y donde los niños jugaban descalzos.



El día 60 de mi viaje amanecía allí. Y escribía en mi cuaderno: voy aprendiendo a estar sola. Sí, 60 días y empezaba entonces. Lo de estar sola no es solo cuestión de estar acompañada físicamente por más personas, es algo que tiene más que ver con el interior, con tu paz y bienestar de dentro. Escribía también: Aprendo y aprendo. Me expongo y supero. Una de las cosas más bonitas, fuertes y emocionantes de viajar sola es conocerte a ti misma. Hace tiempo que decidí que si había territorio que quería explorar en este mundo, ese era el personal. Y viajar me lo pone más fácil, eso sí, todo viene mucho más intenso.

En Máncora hice surf por primera vez en mi vida, y oye, no se me dio nada mal. Creo que por practicar yoga a diario mi equilibrio y fuerza no están mal y esto hizo que pudiera coger unas cuantas olas. Surf School -nombre original donde los haya- tenía las mejores tablas, monitores y relación calidad-precio.

Sumoto.


Conductor de tuktuk. Vehículo por excelencia de islas y Máncora.
En Máncora vi colores, barcas en medio de las calles, y niños felices. Había algo de magia. Sueños rotos y mucha tranquilidad.

Después de mucho buscar, por fin en Máncora, encontré un sitio para hacer yoga, -algo que me ha costado mucho, en general, en toda sudamérica-, el hotel se llama Samana Chakra y el lugar es idílico.

De Máncora me fui a Trujillo. Trujillo es famoso por haber sido una ciudad colonial muy importante y por sus ruinas precolombinas. Yo lo recordaré por esto, por los cláxones que son una pesadilla que no cesa y por la primera (y hasta ahora única) diarrea del viaje. Visitar mercados en países ajenos me encanta; la vibración que hay, ver los productos que venden, los olores, las gentes… aprendo muchísimo de la personalidad de los lugareños y de la vida local. En Trujillo tuve la genial idea de darme una vuelta por el mercado y comprarme solo cosas que no hubiera probado nunca, comí de un tipo de ciruela más de la cuenta, y claro -aunque me advirtió una chica peruana que me vio comerlas- yo, que soy muy chula, no hice mucho caso y al día siguiente, viendo las ruinas, a 40º sin sombra y sin agua casi me dan los siete males. Lo superé y aprendí la lección 🙂

Catedral colonial de Trujillo.

Uno de mis snacks energéticos favoritos de Perú: sésamo+maní+maca=boom!

Amarres de amor.

Altramuces versión peruana.

Algunas de las compras del mercado. La culpa fue de lo que parece un tomate cherry que en realidad es una ciruela.

Con Vesper y Laura visitando las ruinas. (Mi mala cara es un poema)
Datos prácticos: me quedé en Residencial Munay Wasi Trujillo, una casona convertida en hotel. La dueña, peruana sabelotodo, no tiene desperdicio.
LIMA Y CUZCO
Lima es probablemente mi capital latinoamericana preferida, así que solo tengo buenas palabras para describir mi paso por ella. En Lima me pasó que paré el ritmo acelerado que llevaba (sin saber bien porqué) y empecé a seguir mi propio ritmo. Es de las cosas que más me ha costado; Saber cuál es mi ritmo y seguirlo. Ahora, casi seis meses de viaje a mis espaldas es mucho más fácil, aún así hay que estar atenta.

Decidí quedarme en el barrio de Barranco, menos turístico y con más encanto que el conocido Miraflores. Barranco es bohemio, culturalmente muy movido y con el océano al final de sus calles. Los 10 días que me tomé para descansar aumentaron mi energía y me supieron a gloria.

El choclo, como llaman en Perú al maíz, no es nada comparable a cualquier maíz que tengamos en España. Me volvía loca.

Dani vino a viajar conmigo en Perú. Quizá por eso también me gustó tanto el país 😉

Muy recomendable hacer el free walking tour que sale todos los días de la Plaza Central.

Hay que visitar sí o sí el Monasterio de San Francisco. A la salida comer churros en el puesto con el mismo nombre. De los mejores de Lima.



Vistas del primer día. Parte del decenso.

Nuestro equipo para montar en bici.

De aquí sale el café. Y el grano fresco es comida favorita de serpientes.

Llegando a Aguas Calientes.


En MachuPicchu Montaña. Una vez en Machu Picchu hay dos opciones para seguir visitando el emplazamiento. Subir a Huayna Picchu (la montaña alta que se ve en la foto de abajo) o subir a la Montaña con el mismo nombre. Más duro y más alto.

SUR DE PERÚ: Arequipa, el Cañon del Colca y Puno y las Islas Flotantes del Lago Titicaca
De Cuzco volví a dormir en un bus para plantarme por la mañana en Arequipa. Lo de los buses cama es lo mejor que nos ha pasado a los mochileros. Desarrollamos una habilidad para dormir en cualquier sitio asombrosa, además los autobuses se convierten casi siempre en espacio para presencia o protagonizar alguna aventura.
Arequipa es la ciudad más grande de Perú después de Lima y la que tiene mayor renta per cápita del país. Y esto se nota. La arquitectura también es diferente, todo en blanco y mucho más colonial que el resto. El clima es más agradable y no llegábamos a los 3000 metros sobre el nivel del mar, lo que se agradecía después de Cuzco y sus grandes alturas. Desde aquí se puede visitar el Cañón del Colca, el segundo más profundo del mundo y donde sobrevuelan cientos de cóndores (hice un tour con Colca Tours algo más caros que la media pero muy aconsejables). Y mi último destino en Perú fue Puno y desde ahí las Islas Flotantes sobre el Lago Titicaca, visita que aún no sé qué sabor me dejó.

Iglesias en Arequipa.

En Arequipa me sumé a una prueba de atletismo para potenciar el deporte entre los peruanos.

Vista sobre el Cañón.

Amanecer en los Andes.

Lo que me ayudó en mi paso por Perú y Bolivia a no sufrir ni un solo día mal de altura: mate de coca. Sí, de coca, de donde sale la cocaína, pero que si se toma en pequeñas dosis es un remedio natural buenísimo contra la altura y el malestar.

Antes de llegar al Cañón del Colca

Este es el único tipo de vegetación que crece a 5000 metros sobre el nivel del mar.

Mercados y granos.

Las vistas sobre el inicio del cañón.

Niña de una de las familias que viven en las Islas Uros, en el Lago Titicaca. Islas artificiales fabricadas con juncos.
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En fin, podría escribir infinito sobre Perú y mi paso por el país pero por hoy lo dejamos así. Y tú, ¿conoces ya Perú?